14 abr. 2008

Orgullo Quemero



“Canto en la radio y trabajo en el teatro porque soy Ringo Bonavena. Si no cantaría en el baño de mi casa. A Ringo Bonavena lo hice yo. Estoy abriendo un camino. Ya no es como antes. A los boxeadores los miraban como a locos, a tarados, a borrachos. Ya no somos más gladiadores. Somos artistas” La cita es textual de declaraciones hechas por el homenajeado de hoy, Oscar Natalio Bonavena, Ringo, y, pese a ser expresadas en un contexto puntual (preguntado acerca de sus trabajos en teatro con el Pato Carret y Zulma Faiad, y la grabación de su hit (?) Pío, Pío), el tiempo transformó ese párrafo en toda una definición de Ringo Bonavena.
Mis primeros recuerdos sobre Ringo son posteriores a su muerte. Me acuerdo de reuniones en las que mi viejo y unos cuantos tíos se sentaban a ver boxeo los sábados a la noche y mientras le daban a algún copete empezaban a volar anécdotas y opiniones pugilísticas. Esto habrá sido un poco antes que se cumplieran 10 años de la muerte de Ringo, asesinado en el Mustang Ranch de Reno, Nevada. Decía que me acuerdo de opiniones de los viejos, y estos se dividían en 3 grupos en lo que a Bonavena hacía. Estaban los que consideraban que Bonavena era más personaje que boxeador, y que nunca estuvo cerca del título mundial. Estaban también los que creían que había nacido demasiado temprano, y que 10 años después podría haber sido campeón del mundo. Y estaban, por último, los que lo defendían a muerte y puteaban a la mala suerte y a los pies planos de Ringo, que habían impedido su consagración definitiva.
Bonavena fue ante todo un ídolo, y como tal ha pasado a la historia. Su muerte, violenta y temprana, contribuyó a cimentar aún más un mito que ya existía durante su vida. Fue un muy buen boxeador, probablemente el mejor peso pesado de la historia argentina moderna, aunque esa categoría nunca fue muy fuerte en el país. Tuvo un record más que interesante: 68 peleas, 58 ganadas, 1 empatada y 9 perdidas. Peleó con Muhammad Alí y con Joe Frazier (2 veces con este último), pero a pesar de ser derrotado en esas ocasiones quedó muy bien parado luego de esos combates. Nunca fue noqueado. Aún mantiene el record de entradas vendidas en el Luna Park, cuando derrotó por puntos a Gregorio Peralta y ganó el título argentino (en 1965)
Pero, como decía, Ringo excedió los márgenes del boxeo. El mito lo construyó más allá de los rings. Fue un showman, que cantaba, actuaba en teatro, vendía humo como pocos, y entendía muy bien que el box era un espectáculo, y que como tal, había que saber venderlo. Muhammad Alí dijo de Bonavena que “fue el único rival que habló más que yo antes de una pelea”. En junio de 1966 derrotó al canadiense George Chuvalo en el marco de una eliminatoria mundialista que había organizado la AMB para cubrir la vacante que había dejado Alí cuando le quitaron el título por negarse a combatir en Vietnam. Luego de obtener la victoria en el Madison Square Garden, Bonavena fue al cine y se encontró con Alí a quien le dijo “Vos sos el más grande, vos sos el mejor, pero yo te voy a arrancar la cabeza”.
Así era Bonavena, el tipo que volvía loco a sus rivales, pero que, después de derrotarlos, se preocupaba por su estado de salud, y los invitaba a comer ravioles a su casa. El tipo que tenía un Mercedes Benz, más de 15 inmuebles, varios negocios y había hecho mucha plata. También fue el tipo que compró a la estrella del fútbol local del momento (Daniel Willington) para que jugara en su Huracán.
Y por si fuera poco, Bonavena fue también el tipo al que amasijaron en un puterío, con solo 33 años de edad, y después de haberse movido a la esposa (Sally) del jefe de la matufia del lugar (Joe Conforte). Cabe mencionar que la referida Sally tenía 59 años y era casi lisiada, prácticamente no tenía movilidad propia. A pesar del affaire, nunca quedaron muy claros los motivos de la muerte de Bonavena (seguramente había otros), ni tampoco el por qué de su relación con Sally Conforte.
La nota de la revista…… que ilustra este post es un breve botón de muestra de la personalidad de este Ringo Bonavena al que hemos intentado acercarnos. Bromista, fanfarrón, macanudo, profesional e irresponsable al mismo tiempo, saturado del boxeo, pero no del negocio, y al mismo tiempo muy consciente en lo que al manejo de su carrera se refiere, y con tiempo para barriletear un poco entre la farándula vernácula.
Por último, para todos aquellos que quieran saber un poco más de Oscar Natalio Bonavena, recomiendo el libro “Díganme Ringo”, de Ezequiel Fernández Moores, una muy buena biografía del boxeador símbolo de Parque Patricios y de toda una generación.


Post enviado por Pep